“Vespertino”: lo relacionado con las últimas horas de la tarde. Astro que se deja ver en el cielo al caer el sol. La primera definición se ajusta a lo que se conoce como “diario vespertino”, aunque este tipo de periódico sea una especie en extinción, como los yaguaretés.
Durante muchos años se creyó que era necesario, para miles de personas, que, cuando volvían de sus trabajos al atardecer, tuvieran un menú con las noticias más relevantes que habían sucedido durante la jornada. Sin canales de televisión, o con éstos poco desarrollados, y sin Internet, ni noticias por SMS, la radio era la otra fuente informativa para conocer “lo último de lo último”. Pero se suponía que el diario en papel tenía más prestigio y solidez intelectual y que, por lo tanto, era el soporte necesario para leer un resumen de lo más importante del día, quizás mientras en trenes y colectivos se volvía al hogar. El vespertino por excelencia era Crónica. Pero en este sitio vamos a mencionar a otro, mucho más fugaz: La Tarde de Buenos Aires, que nació el 16 de marzo de 1976 y murió en agosto de ese mismo año. Ese diario, que fue pensado como un vespertino un poco menos sensacionalista que sus competidores, tuvo como director a Héctor Timerman, ex candidato a diputado por el ARI de Elisa Carrió y actual canciller del gobierno kirchnerista.
Tomemos a modo de muestra la tapa del 24 de marzo de 1976, tal como hicimos con Clarín de ese mismo día. En el caso de La Tarde, sabemos que llegó a los lectores durante la tarde de aquella jornada, cuando ya todo el mundo estaba enterado de que los militares habían tomado el poder, en un nuevo golpe de Estado que sufría el país. Analicemos su portada, por ser el anzuelo visual hacia el público.
“Prestó juramento JUNTA MILITAR para reorganizar a la nación”, mostraba como título el vespertino dirigido por Timerman. “Reorganizar”, claro está, era la palabra clave para descifrar cómo sería el tratamiento del periódico de la nueva dictadura. El diario asumía como propia esa palabra. Si los militares se habían apropiado del poder, era para “reorganizar” al país, que estaba maltrecho por años de gobiernos peronistas, inflación y violencia política. Por supuesto, como en Clarín, desde las páginas de La Tarde no existían las palabras “golpe” o “dictadura”. Si uno creyera que la realidad se construye únicamente con términos, para el vespertino no había sucedido un derrocamiento de las autoridades, ni nada parecido. Tampoco existían menciones a la “democracia”. Discursivamente, ni lo que se había cortado era un gobierno democrático, ni lo que asumía era una dictadura. “JUNTA MILITAR”, a secas. Y que había “prestado juramento” para reordenar al país.
La imagen no es todo, pero pesa mucho. Abajo del título, y ocupando un rectángulo en el centro de la tapa, el lector veía a los tres integrantes de la dictadura que se instalaba en Argentina. De izquierda a derecha, se ve a Massera, Videla y Agosti. Los tres con rostros serios, con el uniforme de la rama de las Fuerzas Armadas que representan, con un fondo austero y, coronando la imagen por sobre la cabeza de Videla, el escudo nacional. Un cuadro serio, solemne. Apropiado para quienes supuestamente son “reorganizadores”. El epígrafe de la foto indica: “Videla, Massera y Agosti gobiernan desde hoy el país”.
A la izquierda de la foto, otro título dice “Isabel detenida”. Y en la bajada del texto: “Esta madrugada culminó la crisis en que, ante el vacío de poder político, estaba sumida la Nación. Las FFAA, agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional-según lo proclamaron a las 3 y 20 de hoy-, asumieron la conducción del Estado. (…) Oportunamente será designado el Presidente de la República”. Como vimos en Clarín, otro diario golpista, en este caso también la crisis política del país “empezaba a resolverse”, al menos según las palabras del medio, ante el gesto de los militares de “asumir” la conducción del Estado. Ante una situación límite, en la que hay un “vació de poder” (pese a que hay una presidenta, funciona el Congreso y están previstas elecciones), las Fuerzas Armadas se esfuerzan, se sacrifican, ponen el cuerpo y se hacen cargo del país, “conduciéndolo”. No dan un golpe de Estado, no derrocan a nadie, no instalan una dictadura. No. “Asumen la conducción del Estado”, y, valga recordarlo, “agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional”, no antes. O sea, hacen algo quizá un poco duro, quizá no tan bien visto, pero “cuando ya no quedaba otra cosa por hacer”. Cabe aclarar que “todas las instancias del mecanismo constitucional” no habían sido agotadas, ya que no se había logrado destituir a la presidenta por juicio político, ni ella había renunciado, o muerto.
Un párrafo final sobre la empresa que editó este diario: era una firma controlada por David Graiver, un banquero peculiar que desarrollaba tanto negocios financieros tradicionales como aventuras periodísticas y contactos con grupos de izquierda. La misma empresa editaba el diario La Opinión, que dirigía Jacobo Timerman, padre de Héctor y también, aunque con matices, simpatizante del golpe de Estado que colocaba a Videla al frente del país. La Tarde, pese a tener una línea totalmente favorable a los militares (¿o quizá por eso?), cerró a los pocos meses de su debut. Y al año siguiente, la propia dictadura a la que los Timerman habían ayudado mediáticamente, secuestraría a Jacobo, quien, luego de años de tortura y cautiverio, fue expulsado del país, acusado por los militares de conocer las relaciones entre Graiver y Montoneros. Timerman padre murió en 1999. Héctor se dedicó al periodismo, a la política y a la defensa de los derechos humanos y se arrepintió, con bastante retraso, de haber dirigido La Tarde de Buenos Aires, ese vespertino procesista que acompañó al teatro de sombras que crearon la casi totalidad de las empresas mediáticas argentinas durante los años de plomo.
Nota: Nuevamente agradezco a Ale, por permitirme reproducir sus palabras. ¡Desde aquí un abrazo arremangado para él!

1 comentario:
Muy bueno el analisis, es un tema que no se conoce mucho y siempre viene bien recordar.
Creo que gran parte de la clase media ha querido instalar un discurso de que "no quedaba otra que el golpe" como una especie de liberacion de culpa. Conociendo un poco la historia argentina sabemos que ese nunca es el caso, nunca han resuelto nada los gobiernos militares, sino todo lo contrario.
Es bueno que se hable de TODOS los responsables del golpe, no solo los que mataron, violaron, torturaron y desaparecieron, sino tambien los que callaron, aceptaron o interpretaron la informacion con semejante nivel de complicidad.
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