domingo, 12 de diciembre de 2010

La muerte de Marat, Jacques Louis David, 1793.

La obra data del año 1793 y representa el asesinato de Jean Paul Marat, producido ese mismo año, a manos de Charlotte Corday, quien no aparece representada como sí sucede en otras pinturas sobre la misma escena.


Nota: Cualquier coincidencia con la actualidad es pura coincidencia.

Marat era científico y médico pero fue más conocido como periodista y político durante la Revolución Francesa.
Identificado con el ala izquierda de la revolución (literalmente era la ubicación que ocupaban en la asamblea) fue miembro del club de los Cordeleros, club político aún más radical que los Jacobinos, aunque dependiente de los mismos. Representaban la defensa de las clases más humildes de la sociedad francesa.
Su asesina, Charlotte Corday era una joven aristócrata seguidora del club de los Girondinos, grupo también opositor al rey aunque políticamente moderados, compuesto en su mayoría por intelectuales miembros de la burguesía dedicada al mundo de los negocios y los puertos costeros.
El asesinato se sucedió, como lo representa la pintura, mientras Marat tomaba un baño, el único alivio para la enfermedad dérmica que se decía que había contraído mientras se ocultaba en las catacumbas de París de quienes lo perseguían por los enérgicos escritos que publicaba en su periódico L'Ami du peuple (El amigo del pueblo). Existen varias hipótesis acerca del asesinato, de cómo Charlotte accedió a donde estaba Marat y sobre los instantes previos a la puñalada en el pecho.
De cualquier manera podemos reparar en lo paradójico del caso: un violento asesinato propiciado por una seguidora de un grupo denominado moderado que consideraba, entre otros a Marat, responsable de varios hechos de violencia.
El autor de la pintura, Jacques Louis David, también activista durante la Revolución Francesa, representa, de alguna manera, el paso del aristocrático rococó francés al neoclasicismo que, como movimiento pictórico surgió en Roma (donde la antigüedad grecorromana se había puesto de moda alentada por los recientes descubrimientos arqueológicos de Herculano y Pompeya).
Lo característico del estilo era la inspiración en la Antigüedad clásica, sobre todo en la Roma republicana. Por eso mismo fue adoptado como expresión de las ideas de la Ilustración francesa. En el estilo predominaba el dibujo y la forma por sobre el color. La figura humana era representada con una anatomía idealizada, musculaturas sin defectos que recordaban a las estatuas clásicas. Tal vez por ello mismo, en la representación de Marat no se evidencie ninguno de los problemas de piel que sufría.

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Por qué no ir a la plaza hoy?

-“Todo bien con Cristina, ¿Eh? Pero eso de ir a la plaza no es para mí. No soy taaan oficialista”.

Esta semana, esta frase parafraseada, la escuché muchísimas veces. Pero muchísimas. Pareciera que la euforia inicial que la muerte de Néstor Kirchner generara en la clase media que, arrepentida, ahora apoya el proyecto nacional y popular impulsado por el mismísimo recientemente fallecido, se ha visto disminuida, evaporada, desvanecida.
Pareciera que la enorme esperanza puesta en la enérgica participación de los jóvenes en la vigilia del día del censo, en los días del funeral, ya no es lo que era, y pareciera que ahora todo se ha convertido en un gran rollo de conformismo y comodidad.
Es que hace calor, ¿viste? La sensación térmica te mata en la ciudad. ¿Para qué ir a la plaza, si van a haber un montón de tipos y minas ahí, con banderas, agitando, haciéndole el aguante a Cristina? Mi voto ya lo tiene asegurado, que se quede tranquila. Tener que ir al centro, comerme el viaje, llegar, tener que buscarme lugar… nah, mejor lo veo por la tele, si total es lo mismo para ellos. Querido amigo: ¡es lo mismo para ellos, pero no es lo mismo para vos!
La experiencia de encontrarte con semejantes, de compartir un mate o un rato con otro que piensa parecido, te la vas a perder vos. La inmensa alegría de encontrarte en otros al cantar y expresarte al unísono, te la vas a perder vos. Y si verdaderamente bancás este proyecto, no quisiera que esa plaza se pierda la gran oportunidad de conocerte. Personas como vos son las que, a la vez, esa plaza necesita. Hablando de arremangarse las cabezas, ¿no?

domingo, 5 de diciembre de 2010

La muerte y el duelo

Grosso modo, en psicología, se distinguen tres momentos por los que atraviesa un individuo cuando experimenta un proceso de duelo.
Un primer momento de evitación, incredulidad, incluso la negación de la pérdida, “No puede ser, si lo vi ayer”.
Aceptado el acontecimiento sobreviene un segundo momento de mucha tristeza y depresión, acompañada por un desinterés general por las cosas. La persona se encuentra más inhibida y su monotemática conversación gira en torno al objeto perdido.
El último paso es el proceso de desasimiento, el desapego. Y esto permite al individuo volcar esa energía, depositada en la pérdida, en nuevos proyectos, reestablecer la conexión con los objetos del mundo exterior que en las etapas anteriores había abandonado y su conversación empieza a abordar otros temas.
Dice Freud: mientras persiste, el duelo absorbe de igual modo todas las energías del yo.
A un tiempo del fallecimiento de Néstor Kirchner podemos analizar no solo cómo distintos medios de comunicación representaron las diferentes manifestaciones populares en torno a este acontecimiento, sino también cómo elaboraron un propio proceso de duelo.
Entender que a las personas que nos reunimos en Plaza de Mayo, sobre todo los días del velatorio, sólo nos unía el dolor y la necesidad de un último adiós es pretender una sociedad inhibida y desintersada por las cosas del mundo (del país).
La conversación monotemática en torno al muerto (con frases repetidas como "quién se hará cargo de esto ahora que no está, quién será candidato) también habla de una falta de nuevos proyectos. El duelo es necesario incluso para quien se define en oposición al objeto perdido.


Algunas de las tapas que se vieron los días posteriores al fallecimiento de Kirchner. Otras pueden verse aún por estos días, como por ejemplo la revista Noticias de esta semana.


martes, 23 de noviembre de 2010

Nestor Not Dead

Mi primer amor

Hubiera preferido escribir esto en caliente, a las pocas horas de que se fuera Néstor Kirchner.
Ya leí tantas cosas sobre su muerte; ejercité como nunca la tolerancia y no le hice asco a nada: desde el tristemente célebre Rosendo, pasando por el siempre crispado Morales Solá, hasta el humor necesario de Barcelona y el dolor sincero de los medios “amigos”. Me dediqué a escuchar y ver, pero sobre todo a ver.

Lo primero que me llamó la atención fue que los medios hegemónicos –y, por derivación lógica, opositores a un Gobierno nacional y popular- se centraron enseguida en el futuro: ¿Y ahora qué? Cristina sola contra los monstruos del PJ y la burocracia sindical. Tan débil y falta de convicciones. En cambio, los medios que no perdieron la cabeza y el compromiso con la profesión, se dieron el espacio para hacer una pausa, dar paso primero al dolor, honrar el enorme legado de Néstor y después ver: Cristina no está sola, es fuerte y tiene muchas convicciones.

Reconozco que cansó un poco el relato de “cómo me enteré de la noticia”, así que intentaré evitarlo. Pero tengo que decir que la secuencia de sentimientos fue digna de la pérdida de un ser querido y cercano: incredulidad-sorpresa-depresión (por momentos profunda)-sorpresa otra vez-más sorpresa-orgullo.

Las imágenes posteriores a esa mañana de censo y tragedia se me aparecen como en un video editado a las chapas, de esos que te marean. La Plaza de Mayo fue testigo de ese choque de sensaciones, el dolor inmenso por la pérdida, la contención de estar todos ahí, la confirmación de que somos un montón que no sólo estamos tristes, sino que también vamos a seguir apoyando a este Gobierno, cada uno desde su lugar, pero con más entusiasmo que antes.

Ahora que se murió Néstor me doy cuenta, con pena, de que estuve detrás de la historia todo este tiempo. Mi apoyo al modelo que se inició en el 2003 fue de lo más tibio que me puedo imaginar y está al límite de lo perdonable. Abrí los ojos en la noche del 28 de junio del 2009 y me di cuenta de que ese tipo enorme, bizco y feo era mi primer amor en la política. Lo que no había logrado Perón, a pesar de cargar con el gen peronista en mi ADN, lo pudo el Néstor derrotado por poquito ante el colorado sin vergüenza ni plan.

Tan tarde me di cuenta. Perdón.

Puedo intentar racionalizar, aunque nunca justificar esa falta. Nada nuevo: mi experiencia personal con la política (concreta, no la que estudiamos en la facultad) constituyó una larga serie de desilusiones que no estalló, sino que empezó en diciembre del 2001. A los 19 años vi un país en llamas, viejos llorando, pibes muertos, un presidente escapando en helicóptero, una seguidilla de presidentes impresentables, el desembarco del señor feudal del conurbano, más muertes en la estación. No sé si creía en el “que se vayan todos”, pero sin dudas creía en el “son todos iguales”, que aún hoy muchos no se animan a enterrar para siempre.

Néstor pudo haber sido igual a todos, pero fue el más distinto. Necesario en el perdón por el silencio canalla del Estado argentino ante la represión de la última dictadura; reparador con el gesto de la mano levantada para que, por favor, se bajaran los cuadros; fantástico en el discurso de asunción, diciendo que no pensaba dejar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada; valiente reformando la corte adicta por una que al menos inspira respeto; loco, loquísimo pintándole la cara a Bush en Mar del Plata y dejando que otro loco venezolano copara la parada y le quitara el protagonismo; justo cortando las cadenas que nos sometían al FMI, para que nunca más pueda decir MU; visionario interpretando que la unión latinoamericana nos iba a llevar más cerca de ser el país que queremos.

La lista siguió, se consolidó con Cristina y tiene que radicalizarse de ahora en más. Para mi corta experiencia es mucho, muchísimo más de lo que hubiera esperado de un tipo que se calzó la banda presidencial. Pero ahora que me desperté (y cada día es más verdad que Néstor no está) y llegamos hasta acá, me gustaría que su muerte sirva para que muchos que dudan, ya sea por sus antepasados gorilas, por desencanto con la política, por sobredosis de TN, por apoliticidad innata, por lo que sea, se desprendan del prurito de apoyar a un Gobierno, por una vez en la vida. Tanto pueblo agradeciendo la dignidad recuperada no se puede equivocar. Es el amor, estúpido(s).

Me quedan mil cosas. Este fue un intento de reiniciar mis pensamientos, ordenarlos y desordenarlos en la escritura. Y hay otra cosa muy importante –sino la más- por la que Néstor fue distinto: nos dejó a Cristina. Y para ser sincera, mi primer amor político fueron ellos dos, compañeros de vida y militancia, que vivieron juntos y murieron a destiempo. Menos mal.

PD: Mentira que ejercité la tolerancia. Cuando hay tanto amor, no hay lugar para la tolerancia.

sábado, 20 de noviembre de 2010

¡A arremangarse las cabezas!

No soy una kirchnerista nacida y criada. Tampoco una militante de izquierda desilusionada y arrepentida, convertida al kirchnerismo. Bien hubiera querido salir de cualquiera de las dos. Pero no. Soy una piba que fue niña en los noventa. Crecí escuchando a mis mayores putear a los políticos.

En el 2001 fui una adolescente descreída. Descreída porque viví sumergida en la sociedad de la no-política: el “no te metás” de los setenta había pinchado tantas veces la piel de la clase media argentina, que terminó por hacerle perder la sensibilidad.

En el 2003 casi ni sabía quién era Néstor Kirchner. Creo que escuché su nombre un tiempo antes del cierre de campaña. No lo voté porque era menor. Pero igual no lo hubiera votado. Crecí y me crié en la sociedad de la oposición. Lo único que se podía ser en los noventa, era oposición: las privatizaciones, el hambre de los pibes, la falta de trabajo y las magras jubilaciones te obligaban a estar de ese lado. Todo lo que hiciera el gobierno iba a estar mal, porque era oficialismo. No importaba qué. Descreíamos por definición. El presidente electo hizo bajar un cuadro, levantó un museo donde otrora un centro de tortura, se le rió en la cara a Bush, oxigenó un poco las formalidades baratas. Pero sabíamos que en cualquier momento mostraría sus hilachas.

Terminé el colegio y no sé bien cómo me puse a estudiar Ciencia política. Durante toda mi carrera nunca supe en carne propia lo que sería militar en un partido político, ¿Podés creerlo? Vendría a ser el colmo del estudiante de Ciencia Política.

Sí aprendí qué venía a ser el progresismo. Escuché hablar muchas veces de una nueva ley de comunicación audiovisual, conocí docentes e investigadores que hacía años venían estudiando el tema de la asignación universal. En la teoría todo iba bárbaro, y siempre se terminaba aclarando que eran cosas que nunca veríamos concretadas en un país como la Argentina. Creo que seguí estudiando por inercia. Disfruté de mi carrera, porque los temas me resultaban interesantísimos. Pero de política que ni me hablaran. Para mí sería siempre lo mismo. Tanto, que siempre voté en blanco.

El mismo domingo que Néstor Kirchner perdió las elecciones legislativas contra Francisco De Narváez, me dije “¿Qué hice? ¿Cómo fue que esto pudo haber pasado? ¿En mis narices y habiendo gente tan pasiva como yo, dejando el escenario central a gente como esta? ¿Haber estudiado tanto para no saber leer un error cívico tan grave como este?”

Desde ese mismo día, inevitablemente empecé a defender ciertos aspectos del proyecto oficialista en las sobremesas de los domingos y en todos los ámbitos en que pudiera. Estoy peleada políticamente con la mitad de mi familia, debo confesar. Y con muchos de mis amigos a los que directamente no les interesa lidiar con esto.

Para muchos, no importa discutir un modelo de país, o la orientación de la política pública. La política directamente es aburrida o lo que es peor, está podrida. Es más placentero hablar de Tinelli, de quién sale con quién, de lo que te pusiste la noche anterior, o lo flaca que está esa nueva modelo de turno.

Por suerte me queda en el alma el recuerdo de esa plaza llena de gente sintiendo las mismas ganas que yo de discutir y defender un modelo de país diferente. Gracias Néstor Kirchner, por permitir encontrarme con eso. En honor a tu gran aporte, sólo quisiera que nos despabilemos, quisiera que todos salgamos de este aletargamiento de tantos años. Es un clic, nomás lo que hace falta: cambiemos de canal o apaguemos el televisor.

¡A arremangarse las cabezas!